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Todo un peaky blinder

Santiago Caputo, el asesor que no figura pero decide

20 de Abril de 2026

Mientras el organigrama oficial del Gobierno muestra ministros, secretarios y funcionarios con responsabilidades claramente definidas, hay una figura que escapa a esa lógica formal pero concentra una porción decisiva del poder: Santiago Caputo.

Sin cargo de peso institucional ni exposición pública sostenida, el asesor presidencial se consolidó como uno de los actores más influyentes dentro de la administración de Javier Milei.

En los papeles, Caputo ocupa un rol menor. Es un asesor, sin firma ejecutiva ni responsabilidad directa sobre áreas de gestión. Sin embargo, esa formalidad contrasta con su peso real dentro del esquema de poder.

Puertas adentro, es señalado como integrante del llamado “triángulo de hierro”, junto al presidemente y su hermana Karina Milei, núcleo desde donde se definen las principales decisiones políticas, estratégicas y comunicacionales.

Su influencia no se limita a una sola dimensión. Caputo opera como estratega político, arquitecto del discurso oficial y articulador del ecosistema digital libertario. Desde la narrativa confrontativa hasta la coordinación de la militancia en redes sociales, su mano aparece en múltiples frentes. También se le atribuye incidencia en nombramientos, armado de estructuras paralelas y definición de líneas de acción dentro del Gobierno.

A diferencia de otros funcionarios, su poder no pasa por la visibilidad. No suele dar entrevistas ni protagonizar actos públicos. Su perfil es el de un operador silencioso, con llegada directa al presidemente y capacidad de intervención en áreas sensibles. Esa combinación alimenta la percepción de que se trata de un “cerebro en las sombras”, una figura clave sin necesidad de ocupar el centro de la escena.

En el oficialismo, su creciente influencia no está exenta de tensiones. Sectores internos observan con recelo su acumulación de poder, especialmente por la falta de controles formales sobre su accionar.

Al mismo tiempo, su nombre aparece con frecuencia en el centro de polémicas políticas y mediáticas, lo que expone el costo de ejercer poder sin estructura institucional que lo respalde.

Así, Caputo encarna una lógica cada vez más visible en la administración libertaria: la separación entre el poder formal y el poder real. Aunque no gobierna desde un despacho ministerial ni firma resoluciones, su capacidad de incidencia lo ubica como uno de los principales decisores del Gobierno.

En un esquema donde las estructuras tradicionales pierden peso, su figura sintetiza un modelo de conducción basado en la cercanía, la estrategia y la influencia directa.

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