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Exclusivo de Diario Gran Argentina

La Matanza, rehén de los trapitos: la extorsión crece mientras Espinoza abandona a los vecinos

24 de Julio de 2026

Por Fabián Reale.

La Matanza, rehén de los trapitos: la extorsión crece mientras Espinoza abandona a los vecinos
Fabían Reale, reconocido dirigente político de la ciudad.

En La Matanza hay una realidad que miles de vecinos viven cada día y que, sin embargo, parece haberse naturalizado: la presencia de los llamados "trapitos" o cuidacoches.

Lo que en algunos casos comenzó como una forma de ganarse el sustento terminó convirtiéndose, en muchos lugares, en un sistema de extorsión encubierta. Ya no se trata de una colaboración voluntaria. El vecino llega, estaciona su vehículo y, antes de bajar, ya sabe que deberá pagar si quiere evitar problemas. La frase "es a voluntad" hace tiempo dejó de reflejar la realidad.

La pregunta es inevitable: ¿dónde está el gobierno municipal, porque no hacen nada ?

Las calles son espacios públicos y deben ser administradas por las autoridades, no por organizaciones informales ni por personas que deciden quién estaciona y cuánto debe pagar. Cuando el Estado se retira, otros ocupan ese lugar. Y quienes terminan pagando las consecuencias son los trabajadores, comerciantes, jubilados y familias que simplemente quieren circular con tranquilidad.

No podemos mirar para otro lado. Tampoco alcanza con realizar operativos esporádicos que duran unas pocas horas. La solución requiere decisión política, presencia permanente de las fuerzas de seguridad dentro del marco legal, controles municipales efectivos y, al mismo tiempo, políticas sociales que permitan ofrecer alternativas laborales reales a quienes hoy encuentran en esta actividad su única fuente de ingresos.

Porque tampoco debemos caer en simplificaciones. Detrás de muchos trapitos hay personas con necesidades económicas, pero eso no puede justificar prácticas que vulneran el derecho de los vecinos a utilizar libremente el espacio público. El trabajo digno debe reemplazar a la informalidad, y la autoridad del Estado debe reemplazar a la intimidación.

La Matanza necesita recuperar el orden en sus calles. Los vecinos tienen derecho a estacionar sin miedo, sin presiones y sin tener que negociar con quien se apropia de un espacio que pertenece a todos.

La política debe dejar de convivir con estos problemas como si fueran inevitables. Gobernar también significa garantizar la convivencia, el respeto por la ley y la seguridad de los vecinos.

No podemos resignarnos a que la extorsión sea parte del paisaje urbano. Es momento de actuar con firmeza, inteligencia y sensibilidad social.

Estoy dispuesto a terminar con esa práctica extorsionadora si al municipio realmente le interesa,este no es un problema de algunos ,es un problema de todos los que vivimos en La Matanza,y tenemos que buscar la solución en conjunto.

Porque un municipio donde el espacio público vuelve a ser de los vecinos es un municipio que empieza a recuperar la confianza en sus instituciones.

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