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Investigación

Escándalo en IOMA: Axel Kicillof blinda a un funcionario denunciado por abuso sexual

26 de Enero de 2026

Mientras la causa penal por abuso sexual contra el director regional del Instituto de Obra Médico Asistencial (IOMA) en Dolores, Víctor Manuel Casanovas, comienza a avanzar con la incorporación de testimoniales, la obra social provincial volvió a quedar en el centro de la polémica. Lejos de adoptar medidas que resguarden a las denunciantes, una serie de decisiones administrativas profundizó un proceso de revictimización institucional.

Según pudo reconstruir el medio de noticias RealPolitik, Casanovas —denunciado penalmente y alcanzado por medidas judiciales— continúa desempeñándose como director regional. En contraste, las trabajadoras que impulsaron las denuncias fueron desplazadas de sus funciones, trasladadas a otras delegaciones o directamente desvinculadas del organismo.

Pese al avance de la causa judicial, la situación laboral de las denunciantes no acompañó ese proceso. Por el contrario, las medidas adoptadas por el IOMA derivaron en traslados forzados a otras localidades, con extensos desplazamientos diarios, mayores costos económicos y un impacto directo en la seguridad y estabilidad personal de las trabajadoras. Todo ello mientras el funcionario denunciado mantuvo intacto su cargo jerárquico.

A este escenario se suma una restricción impuesta en el marco de la causa penal que impide a las denunciantes realizar declaraciones públicas. La medida refuerza un esquema de silenciamiento institucional, mientras el acusado continúa ejerciendo funciones y poder dentro del organismo, en un contexto marcado por el silencio del Ministerio de las Mujeres y Diversidad de la provincia de Buenos Aires, encabezado por Estela Díaz.

Un patrón de expulsión silenciosa

El caso no se limita a una única delegación. En la oficina de Lavalle, otra trabajadora decidió no retomar sus tareas ante el temor generado por la continuidad del denunciado en funciones. La respuesta administrativa fue su desvinculación bajo la figura de “abandono de cargo”. En la delegación de Tordillo, una tercera denunciante se encuentra de licencia y, según pudo reconstruirse, enfrenta un escenario similar.

En ese contexto, Viviana Moyano aparece como la única trabajadora que aún permanece formalmente dentro de la estructura del IOMA. Sin embargo, también fue trasladada y actualmente cumple funciones en la delegación de Castelli. La medida implica viajes diarios, gastos de traslado afrontados de manera personal y una sobrecarga logística que, en los hechos, opera como un mecanismo de presión indirecta para forzar su salida del organismo.

El mail oficial que confirma la decisión política

La secuencia de decisiones quedó confirmada a partir de un correo oficial interno al que accedió este medio, en el marco del seguimiento administrativo del caso. En ese intercambio se evidencia que, lejos de iniciar un sumario administrativo contra el funcionario denunciado, el IOMA optó por una intervención mínima y de carácter simbólico.

El documento consigna que el abordaje institucional de la denuncia se limitó a obligar a Casanovas a asistir a un dispositivo de “masculinidades”, acreditado mediante un certificado emitido por un área municipal de Dolores. El propio correo reconoce un dato central: hasta el momento no se había iniciado ningún sumario administrativo contra el funcionario, quien continuaba ejerciendo su cargo con normalidad.

En paralelo, el mismo texto justifica el traslado de una de las denunciantes a la delegación de Castelli bajo el argumento de “prevenir la revictimización”. Sin embargo, en la práctica, la medida produjo el efecto contrario: la víctima fue desplazada de su ámbito laboral, mientras el denunciado permaneció en su puesto jerárquico sin sanción interna alguna.

Discursos de género y prácticas reales

El caso vuelve a exponer la distancia entre el discurso oficial del gobierno de Axel Kicillof en materia de violencia de género y las prácticas concretas dentro del Estado provincial. El IOMA, el Ministerio de Salud que conduce Nicolás Kreplak y la cartera de Mujeres encabezada por Estela Díaz quedaron nuevamente bajo la lupa por sostener un esquema en el que el acusado continúa protegido y las denunciantes resultan sistemáticamente perjudicadas.

Con una causa penal en curso, testimoniales avanzando y decisiones administrativas que agravan la situación de las víctimas, el conflicto suma un nuevo capítulo que compromete no solo a un funcionario, sino a una estructura estatal que, en los hechos, parece haber priorizado la preservación del poder antes que la protección efectiva de quienes denunciaron violencia.

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