Un efectivo de la Policía de la Ciudad fue apartado de sus funciones después de matar de un disparo a Manchitas, una perra callejera que era cuidada por vecinos y solía refugiarse en la comisaría 10 A de Floresta.
El agente sostuvo que el animal había intentado morderlo y utilizó ese argumento para justificar el disparo con su arma reglamentaria. Sin embargo, una vecina que presenció el episodio negó que la perra hubiera realizado un movimiento de ataque.
Según el relato de la testigo, se encontraba a poca distancia cuando ocurrió el hecho y también podría haber resultado herida por la trayectoria del disparo. Su testimonio cuestionó tanto la explicación del policía como las condiciones en las que accionó el arma.
Manchitas había sido abandonada en la zona aproximadamente dos meses antes. Desde entonces, vecinos y comerciantes se ocupaban de darle alimento, agua y abrigo. La perra también recibía cuidados en la dependencia policial, donde acostumbraba dormir y protegerse del mal tiempo.
Quienes la conocían señalaron que no había protagonizado episodios violentos previos. Su muerte provocó indignación y pedidos de sanciones contra el efectivo, cuya actuación quedó bajo investigación judicial y administrativa.
La Fiscalía tomó intervención para esclarecer las circunstancias del disparo y también comenzó a actuar Asuntos Internos. Los vecinos convocaron a una manifestación frente a la seccional para reclamar explicaciones y justicia por Manchitas.